martes, 5 de noviembre de 2013

Consejos para escribir: personajes y diálogos

Cuestión ésta muy angustiosa para el escritor de ficción. Es complicada a más no poder porque nos enfrentamos a los elementos que han de interactuar en el escenario que creamos con la narración. 

Lo peor que puede suceder es que sean todos esos hombres y mujeres, niños y ancianos, que han de ramificar con sus diálogos las tramas, unos meros fantasmas planos, todos idénticos. 

En no pocas novelas, incluso best-sellers, nos encontramos con figuras de cartón. Muchos son secundarios, pero también los hay principales. Carecen de la más mínima personalidad. Sin fondo y ésta es una grave deficiencia para un autor.

Lo primero que debemos hacer cuando nos ponemos en serio es ir confeccionando una lista de personajes. No estoy diciendo que sea una relación numerus clausus desde la primera página. Sería algo imposible y estúpido. No. Digo que vayamos realizándola a medida que la historia requiera a estos personajes. Es muy importante su anotación. No solo la de sus nombres y su relación con el actor principal; pues estos han de verse formados y materializados en gente de carne y hueso. Una cosa bien sencilla para lograrlo es que estos se identifiquen con personas que ya conozcamos. Pueden ser los alter-ego de compañeros de clase o trabajo, de gente con las que hemos tratado a lo largo de la vida por cuestiones sociales, incluso desconocidos que nos han llamado la atención en la calle. Puede que lo más sencillo sea vincular a nuestros personajes con aquellos que se cruzan con nosotros en series de televisión, películas, realities, etc.

¿Trampas? No son trampas para nada y cualquiera que escriba y que te diga que no hace lo mismo que acabo de decir es que miente de la misma forma con la que afirma categóricamente que se ducha con agua fría todos los días.

Para escribir con algo de coherencia tenemos que mirar a los que nos rodean y observar sus palabras, sus maneras, sus ideas y transformarlos para nuestra obra. Tenemos una fuente inagotable de imaginación, mas es imposible imitar la vida desde el folio si no prestamos atención a la misma.

Una vez que tenemos un rostro para los personajes, una manera de actuar que consideramos correcta dentro de la trama, estos nos ayudarán a seguir tirando del hilo a pesar de que aún nos queda dotarles de voz. Para ello es principal identificarlos con esos seres reales. No podemos contentarnos con dar pinceladas de su personalidad en la narración sin más. Hay que hacerles hablar y ahí está lo complicado porque podremos acabar por crear tipos que más que interactuar se limiten a “leer” un guión con el mismo ardor que un guijarro.

Podemos dotarles de diálogos rápidos, pero si nos molestamos de nuevo en atender a lo que nos rodea, vemos que, cuando interactuamos social y dialécticamente, no hablamos en forma de mensaje de Twitter. En ocasiones, muchos de nuestros diálogos se quedan no muy alejados en extensión con los que William Shakespeare dotaba a sus personajes. No nos comunicamos con frases simples ni monosílabas, sino con estructuras complejas (salvo excepciones).

Si queremos hacer algo bueno y que sea atractivo, tenemos que acudir a los textos teatrales y a las series de televisión, además de absorber todo lo posible de las obras del s. XIX.

La trillada fobia del folio en blanco no es el problema del autor, sino el emborronarlo de vida, aún desde la ficción más absoluta, ya que el lector siempre necesita de un ancla que lo retenga seguro a un mundo que conozca, con unos personajes que puedan resultarles familiares y que no sean simples formas de cartón, planas y sin fondo.

Un consejo muy bueno es visionar las películas de Quentin Tarantino. Él sí que sabe de esto. Lo mismo dan sus obras cinematográficas que aquellas otras producciones donde haya colaborado. Un claro ejemplo es el capítulo doble de CSI Las Vegas que guionizó y dirigió. No ganó premios simplemente porque su nombre apareciera en los títulos de crédito; sino porque con él los personajes ganaron enteros con diálogos más vivos y con fondo.

Intentadlo al menos.

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